Tras un trabajo meticuloso de profundo conocimiento técnico de la escultura, Gerard Mas nos ofrece una dimensión irónica y divertida de los procesos clásicos.
Como pequeños poemas visuales, este escultor, juega con el tiempo, contrastando la inmediatez de lo cotidiano con la trascendencia de lo antiguo, contrastando lo humano y lo animal… y jugando con la levedad y la pesadez. Ver para entender.
¿Cómo te conviertes en artista … en escultor?
¿Cómo surge tu necesidad de crear?
La palabra “artista” siempre me ha dado mucho respeto. Es como aspirar a ser “pensador” o “poeta”. Suena muy fuerte. Supongo que un buen día me encontré con un trozo de barro entre las manos y jugando me di cuenta que aquél era mi medio natural. Seguramente sería en una clase de plástica en el colegio, haciendo figuras de pesebre o uno de aquellos gloriosos ceniceros regalo del día del padre.
Desde entonces, mi aspiración fue aprender a trabajar con este lenguaje, intentar desarrollar esta manera más intuitiva de percibir la realidad sensible, dedicarme a descubrir formas, como un explorador de la materia. Hice mis pinitos con la música, que no dieron demasiado resultado, y me formé como restaurador de obras de arte. Pero la restauración resultaba una disciplina demasiado rígida para mí y enseguida me decanté hacia el “oficio” de escultor. La escultura aplicada a la arquitectura fue mi verdadero taller de aprendizaje. En el oficio de modelista-ornamentista y picapedrero es donde descubrí mi pasión por la escultura y la talla. Creo que al final es la búsqueda de la libertad personal la que te termina llevando por el camino de la creación artística. Un buen día de das cuenta que tienes toda una colección de esculturas y decides mostrarlas, y te cuelgas la etiqueta de “escultor”. Después ves que te llaman “artista” y no deja de parecerte extraño. Ahora ya me he acostumbrado.
¿Cúal es el origen de los temas que trabajas en tus obras?
Si tengo que decirte la verdad, yo también me lo pregunto con frecuencia. Creo que, en parte, vienen de un largo diálogo con la piedra y la figura humana. De una técnica que te lleva a las formas tensas y rotundas, a la sobriedad y al bloque compacto. Todo esto me llevó a unas anatomías femeninas casi obesas, de aquí a los bebés, a los cerdos, de los cerdos al resto de fauna del corral… Y en medio, el clasicismo que llevamos todos impreso en el inconsciente estético colectivo, que siempre aflora y hace extrañas combinaciones químicas con la realidad que vives cada día. El ejercicio de la reconstrucción de ornamento gótico durante una larga temporada, una relación de proximidad casi íntima con obras de arte realizadas en épocas pasadas, mi afición desde pequeño por el arte egipcio, el interés desde siempre por observar la naturaleza en sus detalles más insignificantes (caracoles, brécoles fractales, insectos, crustáceos…). Por otro lado, la fascinación por lo absurdo, por el espíritu dada, por los juegos de los disparates que nos deshacen los esquemas de comprensión de las cosas. Todo se mezcla en algún lugar de la mente que no terminas de controlar y poco a poco va dando como producto estas extrañas criaturas que son las esculturas.
Háblanos del proceso de trabajo a la hora de elaborar una obra.
Cómo empiezas, la técnica, los resultados…
Hace un tiempo, empezaba siempre modelando un fragmento de figura humana y las ideas iban apareciendo con el trabajo. Ya hace años que se ha invertido el proceso. Las ideas aparecen en cualquier momento, y tienen que ser retenidas como una melodía que tiene que ser grabada antes de que se vaya de la memoria. Después, en el taller, sencillamente me peleo con los materiales para poder hacerlas realidad. Con el tiempo vas conociendo lo que cada material te permite, lo que transmite, y ya no hace falta comprobar si la idea funciona o no con éste u otro material. Ésta es una parte inseparable de la idea. Cada nueva pieza que haces te da pistas para la siguiente, y es un proceso que se retroalimenta.
Para mí, la base de cualquier proceso siempre es el modelado, raramente el dibujo. Aunque tenga muy claro que quiero hacer una talla de madera o de piedra, prácticamente siempre parto de una maqueta o modelo. Sé muy bien lo que quiero y no paro hasta que el modelado me convence. Busco mucha información fotográfica, aunque raramente tengo la impresión de haber encontrado lo que necesito. Invierto mucho tiempo en el modelado. Busco una forma sencilla, pero muy concreta. Soy capaz de retocar y retocar la pieza hasta el agotamiento. En mis piezas en resina policromada, muchas veces hago un primer molde y entonces sí, la paso a resina. La policromía, un descubrimiento relativamente reciente para mí, ha supuesto una manera muy diferente de dar vida a las piezas. Es como un milagro de la reanimación.
En las piezas de talla más simples, a pesar de tener una maqueta, trabajo bastante por talla directa. En las más complejas, acostumbro a traspasar el modelado original fielmente a la piedra o la madera, con técnicas bastante artesanales, como el traspaso de puntos. Al final del proceso, cuando ya estoy dando los acabados, nunca dejo de sorprenderme. La pieza siempre tiene su personalidad. Más allá de lo que yo había imaginado. Para bien o para mal, nunca sale exactamente lo que uno esperaba.
¿Cuál es el papel del espectador en tu trabajo?
Normalmente prefiero dejar una parte importante del trabajo para el espectador. Ante una obra basada en la figuración, es fácil pensar que ya está todo explicado y que sólo se trata de un ejercicio de mímesis con una realidad visible. Querría creer que en mis piezas esto no es así.
Acostumbro a elegir títulos exageradamente concretos que no dejan de hacer una descripción detallada de lo representado, como si se tratara de un catálogo de electrodomésticos. Me gusta recalcar el “qué”, pero nunca el “porque”. Creo que ésta es una tarea del espectador. Mi intención es plantear cada pieza más como una pregunta que como una declaración de principios.
Históricamente, la escultura ha servido para dignificar lo representado, para elevar una imagen a objeto de culto, o para dictar sentencia sobre lo que es bello y lo que no lo es. Me gusta jugar con las estéticas clásicas para crear contradicciones entre la forma de representar y lo representado. Cuando lo representado no es aparentemente lo bastante digno para aparecer con esta pompa, se crea una tensión que me resulta muy atractiva. Nos desmonta esquemas. A partir de aquí, podemos empezar a reflexionar. Creo que los artistas actuales somos unos verdaderos privilegiados, porque podemos erigir los monumentos a aquello que nos dé la gana, incluso al absurdo.
¿En qué obra o obras trabajas?
¿Cuál es tu próximo proyecto?
Ahora mismo estoy trabajando en una larga serie de retratos imaginarios, que empezó con la “Dama del Llengot” y “Lo Rei en Jaume”,y que ahora mismo sigue con la “Dama de les Vespes”, que estoy terminando. Espero poderla presentar en la próxima feria de arte, en Vigo. Todos ellos tienen un nexo estilístico, que es que de alguna manera están emparentados con una estética más o menos tardogótica o renacentista. En ellas intento encontrar aquel hieratismo mágico y aquel preciosismo sobrio que tiene el arte de aquella época. Aún tengo mucho trabajo por hacer. De buena parte de este trabajo saldrá el material para mi próxima exposición individual en Barcelona.

Gerard Mas




